EL DÍA QUE REINO UNIDO PROHIBIÓ LAS BARMAIDS

Cada vez son más las mujeres que participan, acceden a finales y ganan concursos de coctelería, tanto en ámbitos nacionales como internacionales. Y cada vez es más habitual entrar en un local y encontrar una barmaid dispuesta a agitar la coctelera con la mejor de sus sonrisas. Pero resulta curioso observar cómo este fenómeno se percibe de manera distinta si estás dentro o fuera del ecosistema coctelero.

Y es que, aunque detrás de la barra se percibe la presencia cada vez más destacada de barmaids como algo normal, desde el otro lado sigue existiendo el prejuicio de que una mujer tras la barra es una camarera, y que en lo que a coctelería se refiere hay siempre un hombre por encima. ¿Es una cuestión de machismo o simplemente desconocimiento? ¿Por qué seguimos pensando que el de bartender es un oficio exclusivamente masculino? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que históricamente parece que sólo ha habido hombres agitando la coctelera hasta hace relativamente poco?

La realidad es que con las barmaids sucede lo mismo que con las mujeres científicas. No es que haya habido pocas y de escasa importancia. Es que no han gozado de la misma publicidad y notoriedad que sus colegas varones. Históricamente el reconocimiento del éxito, en cualquier profesión, se ha inclinado más hacia los cromosomas XY que hacia los XX. Y el universo de los bares no ha sido una excepción. Máxime cuando incluso algunos países han tenido leyes que restringían el trabajo de las mujeres tras la barra.

Diane Kirkby, en su libro Barmaid: A History of Women’s Work in Pubs, hace una curiosa revisión sobre la evolución del papel de la mujer como fuerza laboral en los bares australianos. Hasta bien entrado el siglo XIX, el bar era un lugar marcadamente masculino. Ninguna mujer quería entrar en él si no fuera por la necesidad más absoluta de trabajar en el empleo peor pagado y valorado del momento: camarera. Hasta la década de 1920, las numerosas asociaciones en pos de la prohibición del alcohol se ocuparon de crear la imagen de una camarera que atraía a los hombres a los bares para beber y gastar su dinero. Fuera del bar existía el estereotipo de que una barmaid era una especie de flautista de Hammelin que engatusaba a los hombres y les conminaba a emborracharse y a seguir un estilo de vida desordenado basado en el alcohol y la mala vida. La realidad es que dentro del bar había muchas mujeres valoradas por su capacidad para preparar bebidas, conversar con los clientes y mantener la barra limpia simultáneamente.

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